La evolución de la terapia Gestalt: Adaptación y Transformación

Desde sus inicios en los años 50 hasta la actualidad, la Terapia Gestalt ha evolucionado en respuesta a los cambios sociales y culturales de cada época. Esta transformación ha dado lugar a distintos enfoques dentro de la práctica gestáltica, reflejando una adaptación constante a las necesidades de las personas y a los paradigmas predominantes.

Es importante subrayar que no existe un estilo terapéutico “mejor” que otro. Más bien, cada terapeuta encuentra su modo propio de trabajar dentro del marco gestáltico. Como elegir un traje que se ajusta mejor a la propia forma, cada terapeuta desarrolla un estilo único que se enraíza en una o varias perspectivas.

De la subjetivo a lo relacional

En los años 50, las psicoterapias humanistas —incluida la Gestalt— emergieron como alternativa a modelos dominados por la idea de una verdad absoluta y normativizada. Se promovía la subjetividad y la capacidad de autorregulación del individuo como respuesta a enfoques más rígidos.

A partir de los años 80 y 90, la atención se desplazó hacia la relación como eje central de la experiencia humana. Inspirada también por la fenomenología y por autores como MerleauPonty, la Gestalt comenzó a mirar la experiencia no solo como algo interno a la persona, sino como algo que surge en el encuentro. La verdad dejó de concebirse como una entidad fija para entenderse como fenómeno vivo que emerge en la interacción.

Del individuo al campo relacional

En esta evolución, terapeutas como Isadore From ampliaron la visión clínica: de una concepción centrada en la persona y sus necesidades individuales, hacia una comprensión de la experiencia como campo unitario organismo–entorno.

Aquí la influencia de Merleau-Ponty resulta fundamental. Al situar el cuerpo como centro de la percepción, nos recuerda que toda vivencia está encarnada: no percibimos desde una mente aislada, sino desde un cuerpo vivo en contacto con otros cuerpos y con el mundo. Esto hace que el terapeuta ya no trabaje solo con la narración del paciente, sino que se sumerja fenomenológicamente en lo que ocurre en el vínculo y en el campo compartido.

Diferentes perspectivas en la Terapia Gestalt

Hoy podemos reconocer tres modos de trabajo que conviven dentro de la clínica gestáltica:

Perspectiva Intrapsíquica (mono personal)

Es la más conocida, sobre todo en el mundo hispanohablante. El foco está en la persona: en sus bloqueos, patrones y ajustes conservadores. El terapeuta observa y propone experimentos (por ejemplo, la técnica de la silla vacía) para que la persona adquiera conciencia de sus mecanismos y pueda flexibilizarlos, transformándolos en ajustes creativos.

El terapeuta se sitúa fuera del campo de la persona, observa como es este campo mediante el relato de la persona (el qué), como se desenvuelve en su entorno y mediante técnicas y experimentos (por ejemplo, una silla vacía), le hace ver cuáles son sus ajustes conservadores. Con esta consciencia, el paciente puede flexibilizar estos ajustes y convertirlos de nuevo en ajustes creativos que le permitan un contacto más satisfactorio con el entorno.

El foco de la terapia está en la persona acompañada.

Un ejemplo de trabajo de esta perspectiva: si el paciente no respira, mediante el uso de técnicas provocamos que respire. El que cambia es el paciente

Perspectiva Relacional (dialogal o bipersonal)

En este enfoque, la atención no está solo en la persona, sino en la relación que establece con el terapeuta. Se parte de la idea de que los patrones de contacto que surgen en la terapia reflejan modos de relacionarse del paciente con el mundo. La relación terapéutica se convierte en un espacio para explorar nuevas formas de estar con el otro, sin necesidad de repetir dinámicas del pasado.

El terapeuta se convierte en el entorno y la terapia se centra en el modo en el que la persona se relaciona con el terapeuta. De este modo y mediante la intervención del terapeuta, la persona puede experimentar un modo diferente de relacionarse, y con ello flexibilizar el modo de relacionarse y convertirse en más satisfactorio.

El foco de la terapia está en la relación co-creada.

Un ejemplo de trabajo de esta perspectiva: que hago yo (terapeuta), para que tú no respires (persona acompañada). Yo terapeuta comenzaré a hacer algo diferente en la relación, para que tu puedas respirar.

Perspectiva de Campo

Desde esta mirada, la terapia no se centra exclusivamente en el individuo ni solo en la relación con el terapeuta, sino en todo el campo fenomenológico en el que sucede el encuentro. No se trata solo de quiénes somos el uno para el otro, sino de qué está ocurriendo en el espacio compartido. Se pone énfasis en lo que emerge antes de ser conceptualizado: las sensaciones, los movimientos sutiles y la dinámica pre reflexiva del campo terapéutico.

El terapeuta se concibe como parte del campo y responde desde su propia experiencia encarnada. La ausencia que hubo en un momento determinado pueda emerger a través de él. Crea el apoyo suficiente para que el campo se modifique y con ello la experiencia vivida por el paciente.

El foco de la terapia está en el campo existente

Un ejemplo de trabajo aplicado al ejemplo de la respiración: el campo no respira, y yo (terapeuta) respiro porque el campo lo necesita, y la persona comienza a respirar.

Dentro de la perspectiva de campo, a través de diferentes terapeutas se han desarrollado dos modos de trabajo particulares basados en dos visiones del campo diferentes:

Perspectiva de Campo de la Situación

Es una visión de campo más Lewiniana en la que el campo es una situación y hay muchas cosas pertenecientes a este campo incluyéndose entre sí. La persona acompañada cocrea con el terapeuta las mismas situaciones (campo) que en su vida cotidiana, y se trabaja con esta situación. Paciente y terapeuta, se ven modificados por este campo y a la vez ambos modifican el campo.

Perspectiva de Campo de lo Preverbal

Es una visión de campo más fenomenológica basada en el concepto de “holos” (todo). Lo que no existe, insiste en existir, y lo hace a través del terapeuta. Sensibilizar el cuerpo para captar las energías que están ahí.

Trabaja con una perspectiva de campo de lo preverbal, el campo es algo que ya existe, un campo que es contenido por otro campo más grande y así hasta una totalidad de campos que están interrelacionados entre sí, y este campo contiene toda la información: es un símil con el entrelazamiento cuántico de la física cuántica.

Conclusiones

El enfoque predominante en la Terapia Gestalt ha sido tradicionalmente intrapsíquico, especialmente en los países hispanohablantes, donde la corriente impulsada por Claudio Naranjo tuvo un gran impacto. Sin embargo, en los últimos años las perspectivas relacional y de campo están cobrando cada vez más relevancia. Durante mucho tiempo, la teoría recogida en el PHG quedó en un segundo plano, quizá por la percepción de que se trataba de una racionalización excesiva de la terapia.

La evolución de la Gestalt refleja un movimiento de ampliación: del foco en el individuo hacia la relación, y de ahí al campo como totalidad. Este recorrido ha permitido enriquecer la práctica e integrar diversas miradas, mostrando que no se trata de elegir una sobre otra, sino de abrir espacio a todas.

En este proceso, la aportación fenomenológica —y en particular la de Merleau-Ponty— ha sido decisiva, al recordarnos que toda percepción es corpórea y situada. El cuerpo y la experiencia encarnada se convierten así en pilares fundamentales de la clínica gestáltica contemporánea, orientándonos a un modo de trabajo que parte del aquí y ahora y de lo que se manifiesta en el campo compartido.

Hoy podemos entender la Gestalt como una teoría viva: abierta al descubrimiento de lo implícito, en constante crecimiento y cambio, capaz de adaptarse a cada paciente y contexto. Frente a enfoques más rígidos, donde el paciente debe encajar en un diagnóstico preestablecido, la Gestalt se flexibiliza para acompañar la singularidad de cada encuentro. De este modo, las tres perspectivas —intrapsíquica, relacional y de campo— encuentran su lugar dentro del contexto actual de la terapia, confirmando la riqueza y vitalidad de este enfoque.

La propia terapia Gestalt, como terapia humanista e integradora, realiza esta integración sobre estos tres enfoques, y confirmando con ello su adaptabilidad a cada persona que acude a terapia y a cada contexto y momento social.

Referencias bibliográficas

Spagnuolo, M. (2011). El ahora-para-lo-siguiente en psicoterapia. Madrid: Asociación Cultural Los Libros del CTP.

Robine, J.M. (2004). Manifestarse gracias al otro. Ferrol: Sociedad de Cultura Valle-inclán

Tarrega, X. (2021). De las lágrimas del paciente a las lágrimas del terapeuta. Madrid: Editorial Planeta

Blaize, J. (2017). No saber. Fenomenología y ética de la psicoterapia. Madrid: Asociación Cultural Los Libros del CTP.

Llorens, G. (2023). Formación Terapia Gestalt (Teoría del Self)

Picó, D. (2023). Terapiados Formación – YouTube

Chopra, D. (2017). Tú eres el universo. Madrid: Gaia Ediciones.

 

Artículo por Pepe Dobao
Formado en Terapia Gestalt – Miembro titular de la AETG.